Más allá de lo visible en la fotografía mexicana
Estas miradas invitan al espectador a descubrir aquello que puede escapar a primera vista

Diego y Siqueiros, negativo 1957; impresión 2004, Rodrigo Moya. Gelatina de plata. Museo Getty. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Sucesión de Rodrigo Moya
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Las imágenes incluidas en la exposición del Museo Getty Instante/revelación: momentos en la fotografía mexicana representan una dicotomía fascinante: revelan aquello que captó la atención de quien tomó la fotografía y, al mismo tiempo, entablan un diálogo con el espectador. Las personas, los objetos o las escenas dejan de ser simplemente lo que aparece ante nuestros ojos. La obra se entrega a la imaginación de quien la contempla.
Para Julieta Pestarino, curadora asistente de fotografía del Museo y curadora de la exposición, las fotografías incluidas en esta exhibición "ofrecen una excelente ventana a las transformaciones producidas en México y en su escena fotográfica durante el último siglo", dice.
Las obras que exploramos aquí revelan gestos íntimos, registran encuentros entre artistas y capturan escenas descubiertas por casualidad. Con sutileza, hacen que un detalle salte a la vista, convierten una escena familiar en algo inesperado e insinúan historias que no terminan de contar.
Diego y Siqueiros de Rodrigo Moya (1934-2025)
Esta imagen de 1957 (ver arriba) es una de las últimas fotografías tomadas de Diego Rivera antes de su muerte. En ella, el reconocido muralista aparece junto a David Alfaro Siqueiros, figura clave del arte mexicano del siglo XX.
Los dos artistas fueron rivales y mantuvieron desacuerdos ideológicos durante gran parte de sus carreras. El encargo de Moya consistía en tomar fotografías que mostraran al público que estas figuras destacadas del arte mexicano no eran en realidad enemigos, sino amigos. Sin embargo, la seriedad de sus expresiones y la distancia física que se aprecia en la imagen indican que Moya no logró su objetivo.
El fotógrafo, que tenía apenas 23 años al registrar este momento fugaz, contó en una entrevista de 2019 que también tomó siete retratos más antes de que Rivera se le acercara con mucha calma, aunque con firmeza, y le dijera enfáticamente: “¡Ya basta!”. “Fue una reunión agria. Nunca se miraron a los ojos, no se dieron un abrazo ni se estrecharon la mano”, relató Moya.
Sin embargo, el registro visual fue un triunfo para la memoria histórica. Dado el contexto de lucha social de ese periodo, la aparente frialdad que proyectan Rivera y Siqueiros pone de relieve las tensiones políticas, ideológicas y artísticas que marcaron la vida cultural de México en el siglo XX. A su vez, esa reserva mutua ayuda a entender el muralismo mexicano como un espacio apasionado de debate y confrontación de ideas.
Virgen de los ángeles de Flor Garduño (1957-)

Virgen de los ángeles, 1982, negativo; copia 1995; Flor Garduño. Gelatina de plata. Museo Getty. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Flor Garduño.
“Me atraían los santos, los objetos y la arquitectura de las iglesias”, dice Flor Garduño.
En la época en que creó esta fotografía, Garduño solía aventurarse a “pueblear”, como llama a sus recorridos por los caminos de México a bordo de su Volkswagen. Entre los lugares que más le gustaba visitar estaban las iglesias, donde hallaba objetos de gran interés cultural, artesanal y estético. Fue precisamente en una de ellas, en Tzintzuntzan, Michoacán, donde surgió esta imagen. Garduño recuerda que al salir de la iglesia observó una pared poblada de figuras angelicales y se cruzó con la niña, cuya atenta mirada llamó su atención. Para la artista, ese encuentro se convirtió en una "cita", término con el que designa estos instantes reveladores. "Voy al encuentro de una cita porque ya está dada; es un parpadeo del obturador que debes identificar", dice. Las nubes, que abrazan las siluetas aladas, y el halo que enmarca la cabeza de la niña, transforman la escena y la elevan a una dimensión mítica y poética.
Dentro de su extensa producción figuran aquellas inspiradas en la iconografía de la Virgen María. Más que abordar esta figura desde su dimensión religiosa, Garduño la presenta como un símbolo de lo femenino. Su obra Virgen de los ángeles ejemplifica una constante en su trabajo: plasmar el asombro en escenas cotidianas.
El ensueño (Isabel Villaseñor) de Lola Álvarez Bravo (1903-1993)

El ensueño (Isabel Villaseñor), 1941; Lola Álvarez Bravo. Gelatina de plata. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Center for Creative Photography, The University of Arizona Foundation
La fotógrafa Lola Álvarez Bravo captó el instante en que la poeta y pintora mexicana Isabel Villaseñor parece olvidarse de la cámara para fundirse con la áspera superficie sobre la que reposa. Villaseñor poseía una imponente presencia física, pero aquí lo corporal pasa a un segundo plano; lo que gravita en el ambiente es su pensamiento y su misterio interior.
Álvarez Bravo destacaba con sutileza la relación entre la figura humana y su entorno. El ensueño (Isabel Villaseñor) (1941) va más allá de ser un retrato convencional. Aunque el paisaje de la playa de Tanacatita, México, se ve solitario, indómito y rocoso, la soltura con que Villaseñor habita el espacio compone una imagen que comunica serenidad y ensoñación y sugiere emociones sin explicarlas por completo.
A lo largo de sus seis décadas de carrera, Álvarez Bravo dedicó gran parte de su obra a fotografiar a algunas de las figuras más importantes del arte mexicano de su época, entre ellas Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo y José Clemente Orozco, entre muchas otras. Para la fotógrafa, Villaseñor encarnaba un ideal de sensibilidad e intelectualidad femenina mexicana.
Mujer ángel de Graciela Iturbide (1942-)

Mujer ángel, negativo, 1979; copia, ca. 2000, Graciela Iturbide. Gelatina de plata. Museo Getty. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Graciela Iturbide.
Cuando la reconocida fotógrafa Graciela Iturbide descendía de una cueva adornada con pinturas rupestres en el desierto de Sonora, México, hizo varias tomas, pero no recuerda haber fotografiado esta escena. Descubrió la imagen durante la producción del fotolibro Los que viven en la arena, un encargo del Instituto Nacional Indigenista de México, y decidió incluirla en él. De ahí que Iturbide vea a Mujer ángel como un enigma, aunque también como un regalo del desierto. Se ha consolidado como una de las obras emblemáticas de Iturbide y como un referente de la fotografía latinoamericana contemporánea.
Pero la importancia de la fotografía va más allá. Esta obra, junto con las demás incorporadas a la publicación mencionada, centra la mirada en las personas y sus experiencias cotidianas en contraste con un enfoque orientado principalmente a documentar las costumbres y formas de vida tradicionales de los pueblos indígenas, en este caso, del pueblo seri. Aquí, la fotógrafa es testigo excepcional de una comunidad en la que conviven las tradiciones ancestrales, como la indumentaria seri, y elementos de la modernidad, como el radiocasete portátil que lleva la mujer andando con la familiaridad de quien conoce el paisaje de memoria.
Rosita de cacao. Quararibea funebris de Cecilia Salcedo Méndez (1957-)

Rosita de cacao. Quararibea funebris, 2007, Cecilia Salcedo Méndez. Gelatina de plata. Museo Getty. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Cecilia Salcedo Méndez
“México, con su nopal y su serpiente; México florido y espinudo, seco y huracanado, violento de dibujo y de color, violento de erupción y creación, me cubrió con su sortilegio y su luz sorpresiva”.
Este elocuente retrato del paisaje mexicano, escrito por el poeta chileno y premio Nobel de Literatura Pablo Neruda e incluido en el fotolibro La espina y el fruto: plantas del Jardín Etnobotánico de Oaxaca, parece encontrar eco en las fotografías que Cecilia Salcedo Méndez realizó para la publicación. En ellas se revela la belleza escultórica de las flores, hojas, tallos y vainas de plantas ligadas a la cultura oaxaqueña.
El contraste entre el blanco y el negro en la fotografía nos invita a observar hasta los detalles más ínfimos, como si los contempláramos a través de una lupa: los sinuosos contornos de los pétalos curvados hacia afuera, que rodean el corazón de la flor, del que se eleva una esbelta estructura central. Sobre esta imagen, Salcedo Méndez expresa: “Para mí es un instante suspendido que evoca un movimiento de danza y, a la vez, una emoción sostenida”.
Dos pares de piernas de Manuel Álvarez Bravo (1902-2002)

Dos pares de piernas, 1928-29, Manuel Álvarez Bravo. Gelatina de plata. Museo Getty. Donación de Daniel Greenberg y Susan Steinhauser. © Archivo Manuel Álvarez Bravo, S.C.
¿Qué pasa cuando se fotografía un anuncio callejero en el México de finales de la década de 1920?
Queda abierta a múltiples interpretaciones, al igual que la fotografía Dos pares de piernas, de Manuel Álvarez Bravo. Con su ojo atento a lo inesperado, Álvarez Bravo creó esta imagen de un aviso que, en su contexto original, seguramente incitaba al consumo, pero que en esta obra provoca nuevas lecturas. Dos pares de piernas en un anuncio, las lámparas, las ventanas y el letrero de la fachada: estos elementos, por separado, podrían tener un significado cotidiano, pero reunidos dentro del encuadre avivan la imaginación del espectador. No necesitó inventar una escena sugerente: la encontró en el paisaje urbano.
Dos pares de piernas es solo una muestra de la agudeza de la mirada fotográfica de Álvarez Bravo. Maestro y referente de generaciones de fotógrafos, Álvarez Bravo está presente en Instante/revelación con muchas otras obras.
Visite Instante/revelación: momentos en la fotografía mexicana en el Centro Getty hasta el 3 de enero de 2027.




