El arte postal se apodera del mundo
Cómo las personas latinas lideraron una revolución por correo

Bocanada, 1994, Graciela Sacco. Heliografía, 18 cm × 21 cm (7 1/16 in × 8 1/4 in). Instituto de Investigaciones Getty (GRI)
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Al retirar la correspondencia, casi nada provoca tanta alegría como ver la postal de un amigo entre las facturas y los anuncios. Pero imagina recibir una escena de Lima, Perú, que, en vez de mostrar la costa o la catedral principal, retrate la ciudad como desolada e inquietante. Esta vista muestra un edificio abandonado —cubierto de grafitis, con yeso descascarado de manera despareja y ladrillos expuestos debajo— que se estrecha hacia el hueco que se abrió por una bifurcación en la carretera.
La imagen proviene de la serie de Gilda Mantilla, Lima, Perú (2003), en la que se alejó de los clichés turísticos para enfocarse en los rincones subestimados y olvidados de su ciudad. Las postales de Mantilla son solo una de las muchas iteraciones del arte postal, un modo de producción creativa que utiliza el sistema postal como medio. Además de las piezas más convencionales, como las cartas y las tarjetas postales, el arte postal puede adoptar la forma de estampillas creadas por artistas (conocidas como “estampillas de artistas”), poesía visual, publicaciones hechas a mano y fotocopiadas, sellos de goma personalizados o pegatinas burocráticas. Las obras circulan por correo, construyendo redes internacionales de creadores por todo el mundo.
Transgresoras: arte postal y mensajes, décadas de 1960 a 2020 en el Museo de Fotografía de California, en Riverside, pone el foco en las personas latinas que usaron el arte postal para expresar su creatividad, desafiar las expectativas de género y eludir la vigilancia de los regímenes opresivos. Las cocuradoras Zanna Gilbert y Elena Shtromberg trazan una línea desde la época previa al Internet, cuando abundaban las cartas físicas, hasta la era moderna de los envíos y la logística automatizados, lo que demuestra que las estrategias y tácticas del arte postal perduran incluso a medida que la tecnología cambia.
“No solo las mujeres transgreden sus identidades y expectativas de género, sino que la categoría [del arte postal] en sí misma no se puede circunscribir”, dice Shtromberg. “Transgrede inevitablemente los estilos y las fronteras nacionales”.
En la exposición se presentan objetos de colecciones de todo el mundo, pero el cuerpo principal de la obra está cedido en préstamo por parte de las Colecciones Especiales del Instituto de Investigaciones Getty (GRI). Este repositorio cuenta con sólidos materiales de investigación relacionados con el arte y las historias culturales de América Latina desde el período colonial hasta la actualidad.
Revelando los mensajes de las mujeres
Si bien el arte postal es por naturaleza un medio accesible y de bajo costo que no necesita gravitar hacia ningún grupo demográfico en particular, históricamente el género ha sido definido por artistas masculinos.
“Me atraía mucho la idea del arte postal, debido a sus principios democráticos, pero nos dimos cuenta de que no se había puesto atención realmente a la historia de las contribuciones hechas por las mujeres”, expresa Gilbert. Ella y Shtromberg se propusieron rectificar eso con Transgresoras.
Las curadoras demuestran el desequilibrio de género al presentar un proyecto de intercambio de retratos de COMMONPRESS, una revista de arte postal que mantuvo conectada a la red de artistas. Para la emisión n.º 15 (1979), la publicación invitó a los suscriptores a enviar un autorretrato tallado en un sello de goma. El intercambio atrajo a 57 participantes, pero solo cuatro eran mujeres: Anna Banana, Hetty Huisman, Karin Lambrecht y Graciela Gutiérrez Marx.
Publicaciones hechas a mano y poesía visual
Marx, artista y feminista argentina, fue una figura particularmente notable en el movimiento del arte postal. A lo largo de Transgresoras, su nombre aparece en numerosos proyectos que exploran los derechos y la identidad de las mujeres. La artista tiene muchas series dedicadas a su madre, a quien llamaba “Mamablanca”, un nombre que también hace alusión a las Madres de Plaza de Mayo, un grupo de mujeres que usaban pañuelos blancos para indicar que sus hijos habían desaparecido durante el régimen autoritario de Argentina. En Grupo de familia–Reconstrucción de un mito (1979), Marx les entregó a los artistas una postal en blanco y los invitó a enviársela con un retrato y un mensaje para el 75.º cumpleaños de su madre. Esta fue una manera de expandir la “familia” y mostrarle a su anciana madre el impacto de la comunicación a larga distancia.
Un sobre de Mamablanca que se exhibe en Transgresoras tiene selladas a mano unas manos rojas y caricaturescas acompañadas por la palabra aquí, señalando hacia dónde debe ir el mensaje. En este sobre, un artista dibujó su retrato. Un hombre calvo con gafas y barba castaña sonríe frente a un paisaje de playa, flanqueado por dos palmeras. Más tarde, Marx compiló todas estas contribuciones en un álbum de fotos que llamó Los códices marginales de Mamablanca.

Álbum de familia: los códices marginales de Mamablanca, ca. 1980, Graciela Gutiérrez Marx. Donación de Lee Spiegelman. Instituto de Investigaciones Getty (GRI) (2005.M.5)

Untitled (Sin título), de la serie Cancelados, c. 1979, Virginia Errázuriz. Sobre tamaño carta y fotocopia intervenida con sello de goma e inscripción manuscrita. 24 cm × 33,6 cm (9 ½ in × 13 ¼ in). © Virginia Errázuriz
“La razón para mostrar este tipo de trabajo es destacar los proyectos colaborativos, la creación conjunta con otras personas y el carácter autodidacta y artesanal con el que se hacen las cosas”, dice Gilbert. “Se hace hincapié en la circulación, el movimiento y la distribución de mensajes, en lugar de un objeto discreto que se podría obtener y colocar en un museo”.
El arte postal también surgió de una forma de arte llamada poesía visual, que fragmentaba y reorganizaba el lenguaje, para convertir el texto en imágenes abstractas en vez de mensajes legibles. Creadoras como Mirtha Dermisache superaron los límites de la poesía visual con su escritura asémica. En su trío de cartas, todas sin título, sus diseños en un principio parecen lenguajes escritos, pero una mirada más cercana revela que los garabatos no conforman nada inteligible.
Este tipo de juego ayudó a los artistas postales a darse cuenta de que podían moldear el lenguaje no solo de forma visual, sino también de forma física y emocional a través de los tipos de papel, los materiales de envío y la propia infraestructura del sistema. Las fotografías de Poema (1979) retratan a Lenora de Barros lamiendo una máquina de escribir. Una imagen muestra su lengua grotescamente atrapada en las barras de tipo, lo que da de forma incómoda un nuevo significado a la frase “tener la lengua atada”. De Barros vivió en Brasil durante una dictadura militar y usó estas imágenes para criticar la agresiva censura contra los artistas. Las fotos se reprodujeron y distribuyeron como parte de una exposición itinerante de “poemas portátiles” llamada Zero à Esquerda (Cero a la izquierda), una caja de obras de arte enviada a los espectadores por correo.
La resistencia recibe un matasellos
De Barros no fue la única creadora latinoamericana que utilizó el arte postal para llamar la atención sobre la represión política y la censura. Entre la década de 1960 y principios de la década de 1990, muchos países de América Central y del Sur estuvieron gobernados por dictaduras de extrema derecha. Argentina, Brasil y Chile se encuentran entre los países que desaparecieron —asesinaron o torturaron— a ciudadanos disidentes, prohibieron la libertad de prensa, limitaron la expresión artística e implementaron políticas económicas regresivas.
“En muchos sentidos, el arte postal permitió a los artistas evadir las estrictas medidas de censura que predominaban en otras formas de expresión porque era algo oculto, peculiar y no resultaba inmediatamente legible”, dice Shtromberg.
Virginia Errázuriz se valió de su serie Cancelados (1979) para llamar la atención sobre aquellos que desaparecieron durante la dictadura de Chile (1973-1990). Utilizó una fotocopiadora para superponer imágenes de personas desaparecidas con trozos de arpillera y cable eléctrico, materiales simples que los interrogadores usaban para encapuchar y torturar a sus prisioneros. Terminó estas composiciones granuladas con un sello burocrático de color rojo brillante que decía “cancelado”, lo que indicaba que la vida de estas personas probablemente había terminado. Las obras de arte se enviaban por correo en sobres marrones lisos, idealmente para que pasaran desapercibidos ante el régimen militar.

Untitled (Sin título), de la serie Cancelados, c. 1979, Virginia Errázuriz. Sobre tamaño carta y fotocopia intervenida con sello de goma e inscripción manuscrita. 24 cm × 33,6 cm (9 ½ in × 13 ¼ in). © Virginia Errázuriz
El alcance internacional de esta forma de arte también brindó a los manifestantes antibelicistas la oportunidad de mostrar solidaridad con sus pares. Poema Colectivo: Revolución (1981-1983) fue una exposición de arte postal organizada por Colectivo-3, un colectivo de arte mexicano que simpatizaba con el levantamiento sandinista de 1979 en Nicaragua. El colectivo entregó una plantilla tamaño carta que cientos de personas de 43 países completaron para plasmar su idea de revolución.
Del correo tradicional al electrónico
Con el tiempo, estos regímenes cayeron y los artistas postales comenzaron a mirar hacia el avance tecnológico y lo que este podría significar para su medio. Gracias a servicios como AOL, Yahoo y Hotmail, el correo electrónico alcanzó una gran popularidad en la década de 1990, y muchos pasaron de la escritura de cartas a la correspondencia electrónica.
Aun así, las técnicas del arte postal continuaron inspirando a los artistas contemporáneos. En su serie Joy in Paperwork: The Archive (Goce en el papeleo: el archivo) (2016), Amalia Pica utilizó sellos de goma para diseñar composiciones intrincadas y abstractas, que también la ayudaron a procesar sus propias dificultades al lidiar con los trámites de inmigración. Los marcadores de las oficinas de inmigración, las solicitudes de pasaportes y los notarios se apilan como montañas, se curvan alrededor de las casillas de verificación y se superponen en patrones serpenteantes. Las estampillas contemporáneas —que cuentan con símbolos @, el término “correo electrónico” y los contadores de fechas que se adentran en la década de 2020— muestran que, aún en la era digital, el papeleo físico prolifera.
Otros artistas han examinado cómo el correo se ha vinculado con los desechos ambientales y el consumo excesivo. Clarissa Tossin observa que hoy en día, es más probable recibir una caja marrón de Amazon que una carta de un amigo. En The Amazon River from Space (ISS/NASA) (El río Amazonas desde el espacio [ISS/NASA]) (2025), utilizó tinta negra para pintar el río Amazonas en el lienzo de un sobre de Amazon, con etiquetas de envío que asoman por debajo de los afluentes oscurecidos.
La capacidad del arte postal para impactar a una audiencia global también se ve reflejada en la obra de Beatriz Cortez No Cages No Jaulas (Sin jaulas) (2020). La frase apareció escrita en el cielo sobre el Tribunal de Inmigración de Los Ángeles durante una acción multiciudad llamada In Plain Sight (A plena vista), concebida por Cassils y rafa esparza. Cortez formó parte de los 80 artistas que protestaron contra la intensificación de la vigilancia y el control por parte del DHS y el ICE durante la presidencia de Trump, los cuales ahora repiten los mismos patrones de intimidación, violencia y secuestro utilizados por las milicias armadas durante las dictaduras de América Central y del Sur. Cortez publicó la documentación del mensaje escrito en el cielo como una postal e invitó a los destinatarios a colaborar en la obra de arte bordando el mensaje y usando las nubes esponjosas como guía.
A pesar de que recibir una carta o tarjeta postal personal sea cada vez más inusual, esto solo significa que recibir esa nota hecha a mano de un amigo es aún más especial. Si te inspiras en las artistas radicales de Transgresoras, puede que sea el momento de crear tu propia pieza de arte postal y convertirte en un eslabón de la cadena de cartas que recorre el mundo.
Transgresoras está disponible en el Museo de Fotografía de California, en Riverside, hasta el 15 de febrero.





